Química Forense – Cazar terroristas por los pelos

Hace unos días, mientras leía que el pelo de momias revela la dieta de hace 2.000 años en la costa peruana, recordé con cariño una investigación de Química forense en la que participé junto a colegas del Reino Unido y que originó titulares de prensa tan jugosos como el azufre de un pelo podría delatar a un terrorista, un pelo puede “seguir” el rastro de un terrorista por el mundo, un cabello como cuaderno de viaje y así hasta un total de más de 30 reseñas en medios de difusión y divulgación científica. Finalmente no me pude resistir y hoy me he animado a traérosla al blog.

La química es una de las principales áreas de la ciencia forense. Más allá de las tradicionales huellas dactilares y la omnipresente reacción del luminol, donde se produce una característica luz azul (quimioluminiscencia) tras pulverizar una solución de un derivado del ácido ftálico en los lugares en los que ha habido sangre; otros restos biológicos como dientes, esperma, uñas y pelo, se pueden analizar y resultar determinantes en una investigación forense. De este modo, un rastro aparentemente invisible podría aportar nuevas pruebas ante los tribunales de justicia para contribuir a la resolución de un delito.

El pelo humano puede actuar a modo de archivo del azufre incorporado a la queratina del cabello, una proteína muy rica en azufre, debido al alto contenido de los aminoácidos cisteína, metionina y ácido cisteico.

Análisis de azufre en un único pelo. Justo Giner Martinez-Sierra

Ahora bien, si se estudia con atención la composición de este elemento químico, se observa que la proporción de sus isótopos (azufres idénticos químicamente, pero que se diferencian en su masa), está ligada al origen del azufre y a su historia, y por tanto, ayudados de la tecnología adecuada se podría utilizar a modo de huella dactilar. Además, dicha proporción en el cabello de un individuo puede cambiar a través de su dieta, por ejemplo al viajar de un país a otro, cambiando por tanto sus fuentes de alimentación. Por tanto, no sería descabellado pensar que un investigador forense pudiese extraer de cualquier persona un minucioso cuaderno de viaje a partir de su cabello. Leer más de esta entrada

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